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"Para Dios, nada es imposible" (Lc. 1,37)

domingo, 9 de junio de 2013

Despedidas

Hoy las palabras no salen de mi sino que proceden del corazón de una amiga, madre, esposa y maestra. Se llama Lola y me ha enviado, por si lo quería poner en el blog,  lo que a continuación vas a leer...                 
Lola: gracias por tu generosidad, por tu entrega, por tu amistad, por tu pedagogía, por tu capacidad para "elevar todo aquello que tocas".



"La pasada semana les hemos dicho adiós. Nuestros alumnos de 2º de Bachillerato han terminado el curso (alguno tendrá que volver en septiembre) y hemos tenido un pequeño acto de “graduación”, o más bien de despedida. Es más o menos lo mismo que todos los años, pero siempre es distinto. Llegaron al instituto arreglados como para una gran ceremonia. Hubo un pequeño pero emotivo discurso, y una entrega de orlas. Cada promoción tiene su personalidad. Unos son más formales, otros más estudiosos, otros mejores personas (la del año pasado fue fantástica en ese aspecto), y los de este año eran divertidos y juerguistas. Pero a todos les decimos adiós desde el cariño y la gratitud. Para los que amamos esta profesión no deja de ser un privilegio que nos hayan dejado formar parte de sus vidas durante estos años. Hemos compartido momentos buenos y momentos duros, sonrisas y lágrimas, nervios y ratos de diversión. Les hemos examinado de Matemáticas, de Física, de Inglés, de Filosofía, pero sobre todo, hemos intentado formar personas, con la esperanza de que contribuyan a un mundo un poco más justo. Quizás, con suerte, nos recuerden dentro de algunos años de una manera amable. De lo contrario, como decía un compañero la otra noche, pasaremos a formar parte de su olvido, porque sólo se recuerda lo bueno. Pero de todos nos quedará al menos un breve recuerdo, las caras que nunca se olvidan, antes de que una nueva promoción se instale el próximo curso en nuestros cuadernos de notas.

Puede que suene melancólico, pero en el fondo, brilla la satisfacción de un trabajo casi artesanal. Formamos alumnos como el alfarero que moldea vasijas. Les ponemos nuestra dedicación, nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, sin esperar nada a cambio. Nunca salen dos iguales, pero a todos los quieres un poco como hijos, porque aunque suene pretencioso, parte de lo que son fue obra tuya en un momento. Cuando pasen los años, todo será fugaz, como la niebla. Pero la otra noche, en el salón de actos de mi instituto, con cincuenta y tantos alumnos a punto de terminar, no pude evitar las lágrimas del constructor de barcos que los ve alejarse en el horizonte y piensa: “Te construí para navegar lejos.” Desde aquí sólo me queda decir “Buena travesía, muchachos”." 

                                                             Lola Moreno



Te quiero mucho. Hasta el mes que viene

Ana

lunes, 8 de abril de 2013

Carta a Francisco


Este mes llego tarde al blog. Perdóname; la lucha que a veces nos exige la vida me está restando fuerzas...Ya me ha llamado una amiga diciendo que donde estaba... Y también he visto que entrabas buscando lo que había prometido darte... ¡Qué conmovedora es esa fidelidad que no entiende de dificultades, ni de pretextos y no renuncia a estar ahí...! Gracias.

Aquí va mi blog de este mes. Lo tomo prestado de Dolores Aleixandre rscj. Es una carta entrañable que ella escribe al nuevo Papa también entrañable y que, al leerla, te deja con paz. Es mi deseo para esta nueva andadura que inicia la Iglesia: que sea un periodo de paz, de hermandad, de confianza...

Te escribo el mes que viene. Te lo prometo.

Te quiero mucho.

Ana

CARTA A FRANCISCO, OBISPO DE ROMA
Hermano Francisco: nunca pensé que me dirigiría así a un Papa, pero como en tu saludo inicial no nos llamaste “hijos e hijas” sino “hermanos y hermanas”, siento que tengo permiso para hacerlo. Y me sale también un tú, aunque llenísimo de respeto, porque no me imagino llamando de usted a un hermano de verdad y el vos argentino no me va a salir.
En el diario “La Nación” del 14 de Marzo he leído que tu elección “ha resultado balsámica” y me ha parecido un adjetivo perfecto para calificar lo que nos está pasando desde que nos saludaste desde el balcón, con aquel tono en el que se mezclaban la timidez y la confianza. Primer efecto balsámico: te vemos distendido y hasta bromista (¡qué maravilla, un papa con sentido del humor…!), sin dar en ningún momento la impresión de estar abrumado por el peso de esa responsabilidad agobiante y desmesurada que los Papas se han ido echando sobre los hombros, como si les tocara a ellos solos encargarse de toda la Iglesia universal. Como si no existieran los otros Pastores, como si el pueblo de Dios fuera un fardo con el que cargar y no una comunidad de hombres y mujeres capaces de iniciativa y con deseos de participar y de colaborar, como soñamos con el Concilio.
Tú, en cambio, estás consiguiendo comunicarnos la convicción de que ese camino que comienzas lo vas a hacer acompañado por todos nosotros. Qué manera tan franciscana por lo sencilla y tan ignaciana por su lucidez de señalar un nuevo estilo eclesial. Porque si lo que deseas es que se nos reconozca por la fraternidad, el amor y la confianza, empiezan a sobrar y a estorbar (hace tiempo que a bastantes ya nos estaban sobrando y estorbando…) tantas conductas, prácticas y costumbres en las que se han ido confundiendo la dignidad con la magnificencia y lo solemne con lo suntuoso. Resulta una sorpresa balsámica sentir que ahora te tenemos como cómplice en el deseo de ir cambiando esas usanzas e inercias que nadie se decidía a declarar obsoletas y ante cuya incongruencia habían dejado de dispararse las alarmas. No son cuestiones irrelevantes, son indicadores que revelan una preocupante atrofia de los sensores que tendrían que haber puesto alerta, hace mucho, de que estaban en contradicción con los usos de Jesús. Así que bienvenida sea esa tarea que emprendes de volver a la frescura del Evangelio y a la radicalidad de sus palabras: ya nos estamos dando cuenta de que, en lo que toca a los pobres, no vas a darnos tregua.
Comienzas tu camino en momentos de extrema debilidad de la Iglesia: lo mismo que aquel joven que huyó desnudo en el huerto, a ella le han sido arrancadas las vestiduras con las que se protegía: secretismo, hermetismo, ocultamiento, negación de lo evidente. Pero es precisamente ahora, cuando aparece desnuda y despojada ante la mirada enjuiciadora del mundo, cuando se le presenta inesperadamente una ocasión maravillosa: la de revestirse por fin, únicamente, del manto de la gloria de su Señor.
Nos has confiado la tarea de sostenerte con nuestra oración y en estos momentos estoy pidiendo para ti unas cuantas cosas: paciencia ante el rastreo que la prensa está haciendo de tu pasado y que es una consecuencia de lo que dijiste a los periodistas: “Habéis trabajado ¿eh?, habéis trabajado…”. Pues eso, se han crecido y siguen trabajando. También pido que no te agobien más de la cuenta las expectativas descomunales que estás despertando y que te sientas muy libre (y muy hábil también) para elegir a quienes creas que pueden ayudarte en el gobierno de la Iglesia, aunque suponga un ERE para la curia.
Vas a encontrar muchas piedras en ese camino: críticas, resistencias y hasta zancadillas así que, siguiendo la recomendación de tu preciosa homilía el día de San José, trata de custodiarte un poco a ti mismo. Y por si no aciertas del todo, que se ocupen de ello las santas de la Iglesia de Roma: Cecilia, Inés, Domitila, Tatiana, Agripina, Demetria, Martina, Basilisa, Melania, Anastasia, Digna, Emérita, Martina, Sabina.
Han ido a buscarte casi hasta el fin del mundo y ha sido un acierto: gracias por haber aceptado quedarte, sin poder volver a recoger tus cosas. Menos mal que los zapatos que llevas parecen cómodos.
Muchos nos sentimos ahora responsables de rezar por ti, aunque no seamos de tu diócesis y nos alegra saber que estás también encargado de velar por la Iglesia universal. De pronto, está recobrando sentido llamar Papa al Obispo de Roma.
Que el Señor te bendiga, te guarde y derrame sobre ti el bálsamo de su paz.

Dolores Aleixandre RSCJ+

domingo, 3 de marzo de 2013

Palabras de despedida




Quisiera compartir hoy contigo las palabras de despedida que envío a un padre... Quizás las compartas, quizás no... De cualquier manera, gracias- una vez más- por permitirme mostrarme como soy y acoger lo que siento: 


Acabas de marchar y lo has hecho de la misma manera que llegaste: con mirada inteligente, sonrisa humilde y los brazos abiertos al mundo...

Te he despedido como te recibí: sin prejuicios, con lúcida ingenuidad, con lágrimas en los ojos, con el corazón de una hija que ama a su padre…Y no me resisto a que te vayas sin ponerte unas letras que expresan un adiós lleno de novedad, de respeto, de gratitud…

Llegaste cuando me adentraba en la madurez de la vida: con la responsabilidad de educar a una hija, la fidelidad a la familia creada y el ejercicio de una profesión. Eran aquellos, años en los que uno, sin querer, dice adiós a la juventud mientras se va imponiendo la adultez… Y de tu mano me encontré peregrinando este tramo de la vida…

Tu mensaje ha sido siempre de confianza y amor. Te ha gustado repetir hasta el final aquello que siempre nos devuelve la alegría: la certeza de que Dios es amor: “Querría que cada uno se sintiera amado por aquel Dios que ha donado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites”  
Me has dicho que hay esperanza porque todo, también nuestras propias vidas, está en Sus manos…Y nos has invitado a confiarnos “como niños en los brazos de Dios, con la seguridad de que aquellos brazos nos sostienen siempre y son los que nos permiten caminar cada día…”
Nos has urgido a amarnos como hermanos: "Hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro…Dios nos sigue pidiendo que seamos “guardianes” de nuestros hermanos, que nos cuidemos los unos a los otros, que estemos atentos a las necesidades del otro, de hacerles siempre el bien"  
Con la inteligencia que sabe acompañarse de verdadera humildad, me has ayudado a "razonar" mi fe y a aliviar el peso de la razón con la confianza en el misterio...
Tu última petición: “Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración…”  Nos pides que nunca abandonemos un hábito tan hermoso como el de rezar y que en ese rezo nos acordemos de los otros...Sé que, junto a tantos, nos encontraremos siempre y también de formas nuevas, ante el Señor Crucificado…

Nieva en Madrid y el sol luce en Roma. El sol sale a despedirte mientras mi corazón queda helado por la nieve… Te vas pero nos dejas mirando al cielo...  Me sobrecoge el tañer de las campanas de las iglesias de la Ciudad Eterna en la que has decidido quedarte para siempre… Y en un acto melancólico que quiero permitirme- el corazón tiene debilidades que al ser reconocidas abren paso a la esperanza -, he recordado aquella frase del poema de John Donne:  “nunca preguntes por quién doblan las campanas… doblan por ti…”

Hasta siempre Benedicto XVI.



Te quiero mucho. Hasta el mes que viene

Ana



domingo, 3 de febrero de 2013

Los mismos sueños




Creo que te lo he contado alguna vez: enfrente de donde vivimos hay una Iglesia a la que suelo entrar un rato cada día. Entro a ver al Señor pero a veces me pregunto si no será Dios quién me espera a la puerta. Y pienso esto porque siempre, apostado en la puerta de la Iglesia, hay un pobre que se llama Juan...
A mí me gustar charlar con Juan; tenemos diálogos cortos – no quiero estorbarle en la tarea de recoger el dinero que la buena  gente que entra y sale o pasa por delante de la puerta deposita en sus manos-; pero más que dinero me gusta compartir con él mi tiempo.
               -“¿Qué tal hoy Juan? ¿Cómo va la cosa?”
               -“Pues nada, como siempre, aquí estamos… Muy mal porque me falta un día para acabar el mes y no he sacado para pagar la habitación…”

O alguna otra vez:
               -“Buenos días… ¿Como estamos?”
               -“Hoy me duelen mucho los huesos pero nadie me cree…Mira..." Y me enseña un certificado médico en el que está escrito que tiene una enfermedad ósea importante…

O, ahora, en invierno:
               -“Abríguese que hace mucho frío. Métase más para adentro…”
               -“No, no puedo; que si me meto la gente no me ve y no me deja monedas… Además no me creen y me dicen que me ponga a trabajar…Pero, ¿dónde voy a ir yo con 6 millones de parados…?”

Estos son mis diálogos con Juan… Al final, nos despedimos deseándonos buena jornada… Y me voy soñando con el día en que la humanidad se una en un solo acuerdo: el de la igualdad de dignidad de todos los seres humanos, y que todos respetemos dicho acuerdo; el día que, como está escrito en la imagen que acompaña a la entrada de hoy, comprendamos que todos compartimos los mismos sueños…


El otro día Juan me sorprendió: era mi cumpleaños y, curiosamente, la vida me llevó por otra ruta distinta a la cotidiana y no pasé por la Iglesia. A eso de las cuatro de la tarde, cuando me encontraba en casa, recibí un mensaje en el teléfono de un número que desconocía. El mensaje rezaba así: “Felicidades de parte de Juan (el de la Iglesia)”
Me conmoví, me puse el abrigo y bajé a darle las gracias. Mientras cruzaba el semáforo él ya me sonreía; después, nos fundimos en un abrazo sin palabras y regresé a casa repitiendo aquella frase del Evangelio: “Verdaderamente es el Señor”



Te quiero mucho. Hasta el mes que viene

Ana

domingo, 6 de enero de 2013

Regalo de Reyes




¡Me gustaba empezar felicitándote el Año Nuevo y también deseándote una muy feliz fiesta de los Reyes Magos! 
Acabo de levantarme y, con la misma ilusión de todos los años, me he acercado al zapato a ver lo que sus Majestades me habían traído... Yo este año, ¡por tantas razones!, no me he atrevido a pedir nada...

Resulta que, al recoger mi zapato, he encontrado en él algo invisible, pero como tantas cosas intangibles, tremendamente valioso: los Reyes me han regalado una invitación para estos momentos de la vida: la de creer que nos va a ir bien, que se van a cumplir esos deseos profundos que cada uno de nosotros llevamos en el corazón, que lo que creemos imposible va a ocurrir, que no se permitirá que nada malo nos pase... En otras palabras, los Reyes me han regalado la fe. 

Es una invitación hermosa ésta de creer que lo imposible puede ocurrir pero además no es nueva sino que tiene un profundo anclaje humano y cristiano:

"La fe es garantía de lo que se espera; la convicción de lo que no se ve...
Por la fe Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba..." (Hebreos 11)

Por la fe, la Virgen María mantuvo un diálogo imprevisto y pleno de amor y confianza con un ángel; y dicho diálogo no solo cambió la historia personal de una mujer humilde sino que también cambió, para siempre, la historia de la humanidad.

Por la fe, y en palabras de Gala, los Reyes Magos al "tropezarse con el espectáculo más frecuente del mundo: una mujer con un niño en brazos... decidieron ver a Dios donde cualquiera habría visto una vulgaridad"

Por la fe, esta mañana, a pesar de las dificultades del momento que vivimos, me he levantado con la ilusión de un niño y, en un zapato aparentemente vacío, he encontrado la invitación a seguir creyendo, luchando y sonriendo...

Comparto contigo esta invitación- no puedo quedarme sola con ella-.La comparto y te invito a que me ayudes a vivirla y proclamarla. Cree y cuenta a los demás que hay razones para sentirnos seguros, porque Dios sigue siendo fiel cada día, cada año, con cada generación, con cada uno...  
Después de hacerlo, déjame que te diga:

"Dichoso tu porque has creído y porque lo que le pides a Dios se cumplirá"

Te quiero mucho. Hasta el mes que viene

Ana









domingo, 2 de diciembre de 2012

El buen samaritano


“Era una noche muy fría de Noviembre del 2012 en Times Square (Nueva York). Sentado en una esquina de la plaza había un mendigo descalzo. Por dicha esquina pasaron mucha gente: turistas, jóvenes, mayores, gente que estaba de compras… Todos le vieron y dieron un rodeo. Pero un policía que estaba vigilando la zona llegó junto a él, se arrodilló, se fijó en sus heridas y tuvo compasión; tras hablarle y descubrir su talla de zapato, el agente desapareció... Sin embargo, al cabo de unos minutos, se pudo volver a ver su figura: en sus manos llevaba unas botas y dos pares de calcetines que acababa de comprar. Se acercó al mendigo, se agachó y le ayudó a ponérselas...Este acto fue captado por un turista que, con la cámara de su móvil inmortalizó el momento...                                                                                  Si Jesús hoy nos preguntara: ¿Quién de todos te parece que fue prójimo del que estaba descalzo en la esquina?», podríamos contestar «El que practicó la misericordia con él». Y, con absoluta certeza, Jesús nos diría: «Vete y haz tú lo mismo»”      Versión del evangelio de Lucas 10, 30-37 actualizada por gente buena del mundo que habitamos


Es, efectivamente, una versión actualizada de la parábola del buen samaritano. En este mundo que tantas veces reconocemos  enfermo, sigue siendo tremendamente actual la palabra de Dios; el mensaje de Jesús no ha perdido su frescura...

Hace bien poco, Benedicto XVI nos recordaba: "hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro…Dios nos sigue pidiendo que seamos “guardianes” de nuestros hermanos, que nos cuidemos los unos a los otros, que estemos atentos a las necesidades del otro, de hacerles siempre el bien". 
Y es en ese compartir fraterno del policía- que supera la generosidad de la limosna- donde he reconocido esta semana la misericordia de Dios...

La fotografía que acompaña este escrito ha conmocionado al mundo. Según cuenta el "New York Times", la imagen, tomada sin que el oficial se diera cuenta, ha sido vista ya 1,6 millones de veces. Dicha foto fue publicada después en Facebook. El resultado fue instantáneo: el oficial se convirtió en un héroe de Internet en apenas una noche. Los números conseguidos fueron espectaculares, 1,6 millones de visitas y casi 250.000 «me gusta»... Los actos de bondad aún conmueven a nuestra sociedad... 

Lo han dicho, con autentico convencimiento, muchos santos: 
"La bondad es el único lenguaje que entiende la humanidad entera" (Madre Teresa) o en palabras de San Pedro Poveda: "La bondad conquista la tierra"

Mi  deseo para estas Navidades y siempre: Que seamos buenos: así de sencillo, de exigente, de posible...

Te quiero mucho. Hasta Enero

Ana



domingo, 4 de noviembre de 2012

Bendición


No sé si te lo he contado alguna vez: mi marido y yo tenemos una consultora especializada en la ayuda al desarrollo de nuevos fármacos. Junto a nosotros trabaja un equipo maravilloso de gente buena y comprometida. Y, a pesar de las dificultades por las que atravesamos actualmente, yo diría que nos va bien...

A pesar de esto, y sin ninguna acritud, he de confesarte que yo no tengo vocación de empresaria; lo que a mí me hubiera gustado ser es un médico sencillo, apasionada por sus pacientes, encantada de poderles echar una mano si hiciera falta... Pero en la vida de cada uno suele cumplirse aquel texto tan bello de Isaías:

«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos,ni vuestros caminos mis caminos», declara el Señor. Isaías 55:8



Supongo que por algo lo diría el profeta aquella vez...

Pero bueno, volviendo al tema de la empresa, en el último mes ha habido circunstancias, la mayoría conflictivas y dolorosas, que me han empujado a remodelarla... El viernes, por fin, logramos concluir su nueva forma y convoqué a familiares y a amigos a celebrarlo.

Una de mis amigas entonces- ¡gracias M.Jesús!-, hizo algo que creo cualifica cualquier acto humano que realizamos: trajo, a través de una sencilla oración, la presencia de Dios en nuestro empeño, en nuestros proyectos, en nuestro futuro... Yo siempre he pensado que cualquier acto bendecido por Él es garante de éxito (como yo quiero vivir esta palabra a veces tan malentendida).

Pues bien, hoy te regalo la bendición de mi amiga. Para que, al leerla, te unas a mí en este proyecto y que las palabras de esta oración en tu boca bendigan cualquier realidad por la que luches:

Bendice Señor esta empresa.
Trabaja con nosotros hoy, mañana y siempre.
Tú eres el mejor gerente y manejas nuestros activos y nuestros pasivos.
Como  multiplicaste los panes y los peces a través de tu Hijo Jesús, para dar de comer a un pueblo en el desierto, haz fecundo nuestro trabajo de equipo.
Líbranos de la envidia, la codicia, el egoísmo y de las malas influencias.
Danos un espíritu de servicio y una actitud tolerante, paciente, respetuosa y justa, con todos.
Enséñanos a compartir y a trabajar unidos como equipo, a ocupar el lugar que nos corresponde con responsabilidad y así contribuir a la calidad y éxito humano de la empresa.
Permítenos  ver  la prosperidad y abundancia  del fruto de  nuestro esfuerzo.
Bendice a todos los que se pongan en contacto con nosotros, a nuestros clientes, a nuestras familias y a todos nuestros amigos. Amén 




Te quiero mucho. Hasta Diciembre


Ana

domingo, 7 de octubre de 2012

Sois mis amigos



Es un texto bellísimo de San Agustín que, ayer, una amiga nos regalaba a un grupo de amigos que compartíamos el día.
(Perdona la redundancia en el uso de la palabra amigos, pero es tan singular que he sido incapaz de encontrar en el diccionario sinónimos que no le hagan perder su fuerza).
San Agustín, tan amigo de sus amigos, me volvía a recordar la suerte de tenerte y la importancia de cuidarte.
Y a mi, que me preocupaba no tener el tiempo para regalarte este mes- me encuentro agobiada con temas de trabajo sobre todo- se me regaló la palabra precisa para decirte lo importante que eres para mi...Quizás Alguien más grande que yo cuide este blog de una manera especial, y no se resigne a que pase un mes sin decirte que Te quiero mucho.

Hasta el 4 de Noviembre.

Ana

domingo, 2 de septiembre de 2012

Viajera maravillosa


Con mi hija he descubierto que la adolescencia es como subirte con ellos a una montaña rusa: te montas con miedo mientras te dicen, "venga mamá que no pasa nada; tu agárrate fuerte" y, ¡vaya que si lo haces!; no ha empezado aún cuando estás deseando apearte de esa situación que rompe la paz conseguida hasta el momento...De repente, el tren se pone en marcha y te encuentras viviendo a merced de unos altos y bajos que no habías planeado, a una velocidad que no puedes controlar; ríes y lloras junto a aquel "loco bajito" que llevas a tu lado y que te ha empujado a vivir a otro ritmo cuando uno casi, casi, está ya para "sofá"; deseas inmensamente que termine pronto el viaje aunque mientras estás en él vuelven a conquistarte recuerdos y experiencias propias de juventud que ya tenías olvidadas... Cuando todo acaba, hay alguien que te pregunta: "¿Qué tal mamá?" y yo, mareada pero feliz, contesto a esa personita valiente y disfrutona que me mira con amor: "Fantástico hija, ¡qué grande has sido!"

Hoy, comparto contigo una carta que le envío. La he escrito en la montaña rusa de la que te hablo pero tengo que acordarme de entregársela en cuanto acabe este viaje en tren...


"Querida hija:

Acabamos de regresar de Dublín y no quiero que pase el tiempo sin escribirte unas pocas letras que te digan eso que resume mi experiencia.
El viaje- corto, tan solo 3 días- nació inesperadamente, de forma imprevista aunque, en la vida, nada ocurre por casualidad...- Era nuestra primera vez viajando solas: tu "adolescente" y yo "gruñona"...

Recuerdo que en el avión de ida, hablando de los amigos, me decías que solo se les conoce bien si vives o viajas con ellos...No sé por qué pero este comentario me dio que pensar...Como si después de 15 años viviendo juntas intuyera tu pregunta:¿cómo será viajar con mamá a solas?

Llegamos a Dublín agotadas- retrasos en el vuelo, horas intempestivas... Pero inmediatamente nos encontramos liberadas de una cotidianidad, a veces dura, que nos metió en la cama felices, con el inmenso deseo de recobrar fuerzas para, a la mañana siguiente, disfrutar de todo lo que intuíamos que la vida nos estaba a punto de regalar...Y vaya que si lo hicimos: nos levantamos pronto en una ciudad inmensamente acogedora y, con el ánimo de que no se nos escapara nada de lo que nos iba a ofrecer, nos pusimos en marcha para vivir de todo...Fue así como me encontré subiéndonos a ese autobús que nos llevaba a sitios de interés- atendíamos todas las explicaciones sin perder palabra-; sentándonos a comer a horas intempestivas y en lugares extraños; haciendo alguna que otra excursión por las tiendas sin que los "peros" habituales de tu madre interrumpieran la gozada de darnos algún que otro capricho; apuntándonos a un tour de terror mientras en Dublín llovía y tú te asombrabas de la madre tan valiente que tenías; quedándonos sin palabras al admirar la belleza que el hombre es capaz de producir- ¿te acuerdas del "Book of Kells" y del "Long room" en Trinity College?- yo jamás podré olvidar tu cara de asombro, tu silencio, tu actitud de admiración ante tanta maravilla... 

¡Que días tan hermosos, Maria! ¡Qué bien lo hemos pasado! ¡Qué fácil viajar contigo! ¡Cuántas risas, canciones, visitas, sorpresas, imprevistos...!

Han sido solo tres días pero, como comentábamos en el avión de vuelta, desde el primer momento nos sentimos fuera de esa rutina que a veces aprieta, descansando de todo, sintiendo la fortuna de estar, con billete de ida y vuelta, lejos de nuestra cotidianidad... 

He gozado mucho, más que con Dublín- que también- con tu capacidad de disfrutar, tu alegría, tu prudencia, tu paciencia, tu diligencia...Tu afán de divertirnos juntas y de cuidarme han sido el regalo más maravilloso que traigo.

Como dice Gala: no hay viajes maravillosos sino viajeros maravillosos. Y tú has sido uno de ellos porque has sabido hacer de ese espacio un lugar en el que sentirnos a gusto las dos.

Me gustaría que, en el viaje más importante que tenemos que hacer cada uno, el de la vida, pensaras que Dios te ha dotado de dones fantásticos para ser una viajera maravillosa. Que, como en Dublín, no se te olvide sonreír, gozar, admirarte, servir, querer...En definitiva, de disfrutar y hacer disfrutar de tanto como la vida nos da.

Un beso inmenso

Mamá"

Te quiero mucho. Hasta el Domingo 7 de Octubre

Ana

domingo, 5 de agosto de 2012

Resulta que nos queremos


No sé donde andarás este verano. No sé si te habrás quedado en casa o te habrás desplazado huyendo de la cotidianidad. A mí me ha tocado seguir trabajando aunque aún puedo combinarlo con espacios maravillosos de descanso…

Lo cierto es que es verano y, en aeropuertos, estaciones de tren y de autobuses, hay más movimiento que el habitual... Todos, de alguna manera, vamos o venimos buscando ese rato de tregua al que nos invita el buen tiempo y el calor.

Y yo, que soy habitante casi cotidiano de estaciones y aeropuertos, este Agosto he hecho un descubrimiento que ha aumentado mi fe en el ser humano: ¡resulta que nos queremos! Sí, que nos importamos los unos a los otros, que nos estimamos inmensamente...
Acostumbrada a frecuentar estos lugares durante todo el año, este verano, en el que también me ha tocado viajar, he observado la gran capacidad del ser humano, en ese intento permanente de humanizar aquello que él ha creado, para transformar lo inhóspito en un lugar cálido…
¿Qué ha pasado en estos sitios de tránsito donde- para los que nos gusta observar- la gente alcanza un protagonismo insospechado? Para empezar, ya no somos los mismos, sino más. Esos que, durante el invierno, nos desplazamos por motivos de trabajo con la fría compañía de la prisa, los móviles y los ordenadores nos encontramos invadidos por una multitud que no corre, que sonríe, que está ilusionada ante la perspectiva del viaje y que no tiene problemas ni con corbatas ni trajes...
También hay gente que está esperando al otro; que ha llegado con tiempo para acariciar la espera; que cuando empieza a ver salir a otras gentes, se pone de puntillas, ansiosa por descubrir el rostro de aquél al que espera y que cuando lo ve, corre al encuentro y se funde en un abrazo interminable o en un beso que supera a los más famosos del cine universal...
Hay gente que marcha y es momento entonces de separaciones, de despedidas... Y ocurren abrazos interminables que parecen querer retener para siempre a la persona querida o corren lágrimas por rostros que protestan por la soledad que impone la ausencia de quien ha tenido que marchar...

Aeropuertos y estaciones me han demostrado este verano que la gente corriente nos queremos; que no hay nada más importante para nosotros que querer y sentirnos queridos; que tenemos que dar muchas gracias porque nos quieren y porque tenemos a quien querer.

Pasarán uno o dos meses y volveré a frecuentar esos lugares pero acudiré a ellos con otro talante, reconociendo  que son espacios que someten a nuestro corazón a las pruebas más sólidas: las del amor; sitios en donde las circunstancias nos invitan a dar lo mejor de nosotros mismos... No dejes de pasar por ellos sin pensar que ahí reposan, sobre todo, palabras y gestos de amor.

Te quiero mucho. Hasta el domingo 2 de Septiembre.

Ana

domingo, 8 de julio de 2012

Fidelidad


"No me pidas que te deje, y que me aparte de ti; porque a dondequiera que tú vayas, iré yo; y dondequiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, moriré yo, y allí seré enterrada" (Rut 1:16)

El texto que encabeza esta entrada es del Antiguo Testamento, del Libro de Rut. 
Es la respuesta de Rut a su suegra Noemí cuando esta mujer, que ha perdido a sus hijos, invita a sus nueras a abandonarla para que puedan desarrollar sus propias vidas... Pero Rut se resiste y le promete fidelidad, un querer seguir compartiendo la vida pase lo que pase...

Este ha sido el texto que me ha acompañado antes de escribirte este domingo... Porque la entrada de hoy es el resultado de una lucha mantenida dentro de mi misma: la vida ordinaria- porque lo curioso es que no hay nada extraordinario- que me toca vivir actualmente  me está sustrayendo el tiempo que dedico a este blog... Y hoy estaba preparada a enviarte mi carta de despedida... 
¡Qué curioso!: uno parece sentirse libre ante los acontecimientos, la rutina, las obligaciones pero no es así... La vida es tirana y, a veces, nos priva de placeres como el de escribir...

Riéndome de esta tiranía y, con tu permiso, he decidido escribirte una vez al mes- ¡que consolador es poder encontrar un cierto equilibrio!-. Porque me resisto a perderte, porque me cuesta romper unos lazos que empezamos hace casi dos años, porque hemos perdido tanto tiempo juntos que me cuesta imaginar que ya no estarás ahí... Es verdad: uno es responsable, para siempre, de aquello que ha domesticado...
Así que, si te parece bien, nuestra cita será siempre el primer domingo de cada mes- ya sabes que los "ritos son importantes"-, para estrenar contigo el nuevo periodo de tiempo que se nos regala... Y mientras el mes transcurre, me comprometo a ir preparando el corazón para, como siempre he intentado hacer, ofrecerte lo mejor que tengo... ¿Puedo contar contigo?


Hasta el 5 de Agosto. Te quiero mucho

Ana






domingo, 1 de julio de 2012

Me has domesticado



"Fue entonces que apareció el zorro:
- Buen día - dijo el zorro.
- Buen día – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio a nadie.
- Estoy aquí – dijo la voz –, bajo el manzano...
- ¿Quién eres ? – dijo el principito. – Eres muy bonito...
- Soy un zorro – dijo el zorro.
- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito. – Estoy tan triste...
- No puedo jugar contigo – dijo el zorro. – No estoy domesticado.

¿Qué significa "domesticar" ?
- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."
¿Crear lazos?
- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...
- Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá lejos, los campos de trigo? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Y eso es triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. ¡Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado! El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo...

Por favor... ¡domestícame! – dijo.

Al día siguiente el principito regresó.
- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos." (El Principito.CAPITULO XXI)

Hoy no puedo más que repetirte lo que dice el zorro: mi vida, esta semana, más que monótona ha sido agotadora: mucho trabajo, demasiados viajes, comienzo del verano con todo lo que significa de cambio de rutina... 
He llegado esta mañana a estar contigo y me sentía vacía, con poco más que contarte que estaba agotada... He pensado: quizá fuera mejor no acudir a esta cita; total, ¿que le puedo yo hoy contar?
Pero ya lo sabes: los ritos, para mi, son importantes... Así que, venciendo la vergüenza que inevitablemente nos acompaña al reconocer nuestra pobreza, me he sentado a hablar contigo como todos los domingos, como si hubiera vivido una semana normal, pero esta vez solo "con lo puesto"...Y, entonces, ha ocurrido el milagro- ¡cuantas veces descubro que el milagro ocurre al reconocernos y confesarnos pobres; ¿será que tiene que ver con la humildad?-: poco a poco, cumpliendo con el rito de sentarme junto a ti y contarte y escucharte me he sentido feliz...Mi vida se ha vuelto a llenar de luz, mi corazón ya no está agitado y me has preparado, un domingo más, para dar gracias por tanto como se nos regala...
Con humildad reconozco que me has domesticado...
Gracias por tanto y por todo; gracias, también, por "perder" el tiempo conmigo hoy.

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana 








domingo, 24 de junio de 2012

Los mas afortunados



Me encanta escuchar música: me hace pensar, me da alegría, me eleva... Y suelo hacerlo sin complejos, con mis auriculares cuando voy de un sitio a otro. Pues bien, el otro día subiendo a un autobús abarrotado de gente en un Madrid ya caluroso, mi aparato de música me ofreció la canción- ya antigua aunque siempre nueva- de Barbra Streisand: "People"

No sé si la recuerdas pero, traducido al castellano dice algo así como:
 "la gente que necesita a los demás es la gente mas afortunada del mundo"                       ("people who need people are the luckiest people in the world")
Y me quedé pensando en esta frase que me hizo sonreír cuando, con la mas profunda humildad, me reconocí entre esos afortunados que la canción menciona.

Tengo que reconocer, con alegría, que necesito a los demás: te necesito a ti y a tantos como me rodean; necesito a aquellos con quienes comparto mi cotidianidad; necesito a los que están lejos; necesito a la gente anónima que va por la calle; necesito a aquellos que viven otros mundos, otras circunstancias... Porque, y a pesar de la lata que de vez en cuando nos demos los unos a los otros, ¿te imaginas un mundo sin gente? ¿Te imaginas nuestra propia vida sin los demás?

Si lo pensamos, nuestra existencia está jalonada de recuerdos protagonizados por y con los demás: es el pasado hecho a base de ellos...
El presente se hace con la interacción de todos: uno sabe solo que existe gracias a los demás- son ellos quienes hacen memoria nuestra y nos dicen que estamos vivos...
El futuro se apoya en la esperanza de los que son más jóvenes...
¡Cuantas veces deberíamos darnos las gracias por compartir la existencia! Por tener a nuestro lado a gente que nos quiere tal y como somos, por concedérsenos la oportunidad de querer...

No lo sé, quizá sea porque se me ha otorgado la gracia de ver a Dios en cada uno, pero soy de esa gente que necesita mucho a los otros y eso hace de la tierra que habito un cielo.

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 17 de junio de 2012

Profetas

El Profeta Oseas, según Duccio di Buoninsegna

Hoy te escribo tarde. Acabo de llegar de viaje y he entrado en casa con la urgencia de decirte que no ha pasado nada, que todo está bien...
A pesar del ajetreo de la semana, el viernes, día en que se celebró el corazón de Jesús te recordé. En la misa del día ofrecieron una lectura preciosa del profeta Oseas que me llevó  a pensar en ti... Desde ese día la llevo "rumiando" en el corazón para ofrecértela en esta entrada de hoy...

Seguro que lo sabes, o quizás no- pero, ¿y qué importa?-: Oseas es un profeta y, más concretamente, es el profeta del amor y la ternura de Dios...
Los profetas tienen una experiencia profunda de Dios; han sabido encontrarlo quizás donde nadie lo ha hecho- quizá más fuera del templo que dentro del mismo- porque ven el mundo con los ojos de Dios y son dóciles a su palabra...Si algo hacen es aproximar a Dios y al ser humano...

Pues bien, el texto que a continuación te transcribo y se nos regaló el viernes pasado, Oseas lo escribe en medio de un caos social, político y económico que Israel atraviesa y que lleva a este pueblo a la degradación moral y religiosa.
"Cuando Israel era niño, yo le amé,
y de Egipto llamé a mi hijo;
Yo enseñé a andar a Efraín        
y lo llevé en mis brazos              
y ellos sin darse cuenta
de que yo los cuidaba...
Con correas de amor los atraía,
con cuerdas de cariño,
y era para ellos como quien alza
a un niño a su mejilla;
me inclinaba hacia ellos y les daba de comer...
¿Cómo voy a dejarte Efraín,
como entregarte Israel?
Mi corazón se me revuelve dentro
a la vez que mis entrañas se estremecen.
Porque soy Dios, no hombre;
en medio de ti yo el Santo
y no me gusta destruir" (Oseas 11)
El profeta nos cuenta que Dios nunca abandona a los que ama así que...atrevámonos a ser profetas; anunciemos, por encima de tantas dificultades como las que nos tocan vivir, que Dios nos ama inmensamente y desde el principio de nuestra historia...Que se puede volver a ser feliz...
Queda mucho por decir. Queda mucho por hacer... Hagámoslo, digámoslo... “Habrá que forzarlo para que pueda ser”



Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 10 de junio de 2012

Crisis



Estas últimas semanas he vivido una experiencia difícil. Por motivos de trabajo he tenido que compartir mucho tiempo con pacientes diagnosticados de depresión y se me ha concedido la oportunidad de escuchar y compadecer a aquellos que, por circunstancias variadas, lo están pasando realmente mal.
Lo interesante ha sido descubrir que estos pacientes, aparte de otros motivos que quedan en el ámbito del secreto profesional, estaban realmente "tocados" por este fenómeno económico- aunque no solo es económico- que llamamos crisis. Algunos se han quedado sin recursos, otros sin casa, muchos abatidos y todos con miedo.

No sé si a ti también te pasa pero en la calle, en ese sitio que todos compartimos, se cuentan y escuchas historias que nos entristecen, nos conmueven y nos invitan a preguntarnos qué nos ha pasado...
No quiero entrar ni en razones ni en motivos para la crisis, ¡han sido tantos! Tampoco quiero señalar culpables: creo que todos lo somos un poco aunque sí es verdad que unos en mayor medida que otros... Solo deseo encontrar remedios que calmen la aflicción, que nos hagan quitar los miedos, y que a pesar de las dificultades que nos tocan vivir, nos permitan regresar a lo sustancial. 
Estoy convencida de que sin una vuelta radical a lo esencial no saldremos nunca de este agujero negro en el que estamos, inmovilizados por la tristeza, el miedo y la incertidumbre...
Son tiempos difíciles en los que nos tenemos que ayudar: animar a que el que más tenga, comparta; intentar vivir desde la justicia y pensar en el bien común que es el bien de todos nosotros; volver a descubrir el valor de lo fundamental que, además, se nos concede gratuitamente...

Dando vueltas a esto, me encontré con un pasaje del Evangelio- la palabra de Dios es lo que tiene: es gracia, don oportuno que no deja de sorprender nunca- que creo puede aliviarnos en momentos como los que nos toca vivir:

Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?  Mirad los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valéis acaso vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?  … Vuestro Padre que está en el cielo sabe bien lo que necesitáis…  Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura.  No os inquietéis por el mañana… A cada día le basta su afán" (Capítulo 6 de Mateo)

En tiempos como los que corren, quizá creer en esta palabra sea más difícil que nunca pero, también hoy mas que nunca, la docilidad al evangelio, a esa enseñanza que nos ha acompañado durante toda la historia, es vital para el consuelo, la supervivencia y la esperanza... 


Lo dice Benedicto XVI: "El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don. Por ello, también en los momentos más difíciles y complejos, además de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor" (Carta encíclica "Caritas in Veritate")

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana


domingo, 3 de junio de 2012

La recolección



Gracias por tus comentarios...¡Qué hermoso constatar que ahí estamos, haciendo lo que podemos pero sin eludir responsabilidades...!
Cierro estos capítulos sobre transmitir la espiritualidad en la familia con una última pregunta, para mi la más fundamental: ¿nos esforzamos en transmitir la espiritualidad en la familia pero, a la vez, nos fiamos de Dios?
Me gusta lanzarte esta pregunta que lleva implícita el amor del esfuerzo, la esperanza por ver a nuestros hijos hechos buenas personas y la fe en que Otro más grande que nosotros sabrá llevar a buen término nuestra tarea… 

Espero tus contestaciones pero mientras permíteme que te regale un texto de San Pedro Poveda. Él fue un hombre apasionado por la pedagogía; quizá porque la materia de la que estaba hecha su alma era la esperanza... 
"Vuestra labor no es de un día, ni de un mes, pero es segura, si por Dios, con Dios, y para Dios la acometéis y en ella sois perseverantes. Mientras llega el tiempo de la recolección, hay que ir sepultando trabajos y desvelos, hay que sufrir todo genero de inclemencias, hay que vivir de fe y de esperanza, sin precipitaciones, sin afán desmedido, sin decaimientos, sin tristezas.Todo esto procede del amor propio,del exceso de confianza en nuestras fuerzas,de cosa humana.
Vosotros sembrad, labrad la tierra, echad sobre ella trabajo, sudores y penas, que Dios nuestro Señor dará el fruto como convenga,cuando le plazca y donde sea su voluntad. La recolección no es faena que se os confía" (San Pedro Poveda)
Por ello, ¡y por tanto!, que la fe que nosotros prefiramos sea la esperanza.

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 27 de mayo de 2012

Acariciar la propia esencia


Siguiendo con el tema de transmitir la espiritualidad en la familia, te lanzo otra pregunta que me acompaña desde que era joven, que otros me ayudaron por aquel tiempo a resolverla pero que vuelve a cuestionarme con insistencia desde que soy madre:“¿Qué importa que unos te llamen Dios y a otros se les llenen simplemente los ojos de lágrimas? Al final, todo lo bueno se parece a Ti” (Cortés)

A veces me pregunto y sin ánimo de claudicar: ¿Nos estamos empeñando demasiado en dirigir espiritualmente o tendríamos que plantearnos más bien un acompañamiento que toca a la persona entera pero que respeta su libertad?  
Antes de hablar a nuestros hijos de creencias y doctrinas concretas, ¿no tendríamos que ayudarles a descubrir su interioridad y a desarrollarla…?
Sé que son preguntas que exigen desprendimiento, generosidad, determinación de quedarnos con lo fundamental…pero estoy convencida de que hemos de favorecer en nuestros hijos este ejercicio de acariciar su propia esencia.
Esto que te propongo no es fácil en un mundo lleno de ruidos, de música estridente y de distracciones electrónicas; sin embargo, creo que sin ratos de silencio y contemplación es más difícil que nuestros hijos se planteen la pregunta profunda del sentido de sus vidas y escuchen la voz de ese Dios que susurra, que no grita y que tantas veces nos ha hablado en el silencio.

Lo acaba de decir Benedicto XVI en la fiesta de San Francisco de Sales:
“Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial”“Abrir la posibilidad de un diálogo profundo, hecho de palabras, de intercambio, pero también de una invitación a la reflexión y al silencio que, a veces, puede ser más elocuente que una respuesta apresurada y que permite a quien se interroga entrar en lo más recóndito de sí mismo y abrirse al camino de respuesta que Dios ha escrito en el corazón humano”


Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 20 de mayo de 2012

Con mantel




Me remito a tus comentarios de esta semana: nombrabas gestos como el de estar en casa, estar presentes, permanecer...En el fondo, hablabas de la necesidad de una presencia para ayudar a hacer personas y transmitir a Dios. Pero... ¡qué complicado tener esa presencia hoy cuando el trabajo nos exige estar fuera de casa tanto y a tantos! ¡Qué complejo estar ahí, cuando ellos llegan, porque socialmente no hemos logrado, en la mayoría de los casos, armonizar horarios! ¡Qué "ingrato" adaptar nuestras legítimas aspiraciones profesionales a la necesidad de correr a casa a convertirnos en alguien que quiere estar, sencillamente, al servicio de unos "locos bajitos" que un día nos van a decir adiós!         

Dando vueltas a esto, me vino a la memoria una conversación que ya hará tiempo tuve con una amiga hablando sobre los comedores escolares -esos que a muchos nos salvan de tener que dejarlo todo y salir corriendo "para dar de comer"- Esta amiga de la que te hablo, que es una persona ya mayor, me decía: "hace mucho que creo, y ya tengo años, que la clave para hacer de nuestros hijos unas buenas personas es desayunar, comer y cenar juntos"
¿Qué quería decirme ella? Que necesitamos volver a recuperar espacios para estar juntos, para disfrutar de la mesa y mantel que nos reúnen, para charlar, para acoger con la mirada y dejarse mirar. 
Antes, la hora de la comida, por lo menos en mi casa era sagrada. Hoy, siendo realistas, esto no es posible pero en algún rato, quizás cuando el día termina para todos, hay que volver a sentarse a la mesa juntos.
Volviendo al camino de Emaús, tras el acompañamiento -como tú lo llamabas- y al caer la tarde, apetece sentarse a la mesa y compartir el pan. 

Por eso, hay que volver a reñir por ver a quién le toca poner la mesa y sacar el mantel y los platos pensando en todos los que nos vamos a sentar. Y apagar la televisión y volver a charlar de todo: de lo que nos ha pasado, de lo que pasa en el mundo, de nuestros proyectos, de nuestras dificultades…Y hay que hablar también de Dios: hay que volver a pronunciar a Dios con un sentido vivificante. Es decir, quizá haya que analizar los temas que surjan desde una perspectiva cristiana; y que el pensar con Dios y desde Dios nos permita entender la vida de forma distinta a como nos la presentan otros. Y que este análisis que hagamos desde los valores que comporta el creer en Dios conmueva nuestros corazones; que igual que en Emaús, arda nuestro corazón cuando queramos cambiar nuestro mundo desde la perspectiva que el Señor nos enseñó.

Por último, creo que sentarse a la mesa juntos significa agradecer el pan de cada día, ser conscientes de que lo que recibimos es para compartirlo y repetir el gesto de partir el pan que Jesús nos dejó como herencia.

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana




domingo, 13 de mayo de 2012

Camino de Emaús


Para poder desarrollar una espiritualidad en familia, te cuento otra pista que encontré en el Evangelio. ¿Recuerdas el capítulo de los discípulos de Emaús?  He descubierto que tiene mucho que decirnos...
Camino de Emaús, Jesús se acerca a sus discípulos por detrás; hasta que se une a ellos, Él va por detrás. Este ir por detrás, ¿qué nos dice?...Quizá que quiso y supo respetar el ritmo de aquellos a los que quería acompañar…

Y cuando adelanta su paso para caminar con ellos les deja que hablen, que le cuenten, que se sorprendan ante su ignorancia o su desconocimiento de los acontecimientos que acababan de tener lugar.

Así, Jesús es capaz de establecer un diálogo esperanzador con alguien que camina desesperanzado, desconcertado, triste, derrotado. Jesús es capaz de llegar hasta dentro y hacer que se mueva lo mejor de cada uno. En su vida, Él no impone, solo acompaña, escucha, aguanta, tolera, está y finalmente eleva…

Luego les va a pedir  que le inviten a comer; les dice que quiere perder más tiempo con ellos. Y cuando se sienta a la mesa, parte el pan y lo bendice hasta que le reconocieron. “¿No se conmovía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras?”

Benedicto XVI nos dice : “El relato sobre los discípulos de Emaús describe el camino que hicieron juntos, su conversación en la búsqueda común como un proceso en el que la oscuridad de las almas se va aclarando poco a poco gracias al acompañamiento de Jesús”

Y yo me pregunto y te pregunto: ¿Hacemos este camino con nuestros hijos? ¿Como son los diálogos con ellos? ¿Sabemos respetar sus ritmos, sabemos escuchar, sabemos acompañar, intentamos comprender, abandonamos los juicios, les aceptamos como son, sabemos querer, dar ternura, vivir con alegría la gran aventura de la vida en la que nos vuelven a imbuir aunque ya nos pille un poco trasnochados…? ¿Ayuda el acompañamiento que les hacemos a suavizar la dificultad en la que viven, el desconcierto y por qué no, la oscuridad?


Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana







domingo, 6 de mayo de 2012

El ejemplo para transmitir la fe


Gracias por tus comentarios de la semana pasada. Hablabas del ejemplo: "la propia vida, el testimonio personal, es la mejor "palabra" que expresa dónde está nuestro tesoro... Hay gestos de apertura al otro, de generosidad, de estima y valoración de las personas, que hablan muy claro y muy alto de Evangelio en el siglo XXI." 
Decías también: "El ejemplo no es sólo acudir con ellos a misa cada domingo. Es, sobre todo, vivir la Fe en pequeños gestos a lo largo del día..."

Y esto que tu expresas, lo dejo escrito San Pedro Poveda
"El ejemplo vuestro será la asignatura que mejor aprenderán vuestros hijos. Si vosotros sois como debéis ser, vuestros hijos acabarán siendo como vosotros queréis que sean”.

En otras palabras, Poveda está convencido de que, si somos coherentes, acabamos transmitiendo el Dios en el que creemos.


Ser coherentes para poder transmitir. .. Y, ¿cómo hemos ido, casi sin darnos cuenta, haciendo cotidiano y transmisible a ese Dios que preside nuestras vidas? 
Pues yo creo que a base de ritos, de detalles pequeños, de tradiciones...
Por eso siento que hay ritos que no quiero romper a pesar de que los tiempos cambien: no quiero cada noche renunciar a acercarme a la cama de mi hija para rezar, para repasar ese día y reír con las cosas buenas que nos han pasado y pedir por las situaciones difíciles o por un examen que le toca hacer al día siguiente o por su padre o por su abuela o por los que están lejos y recordar a aquellos que necesitan de nuestra oración; no quiero renunciar a seguir bendiciendo la mesa porque estoy convencida de que poder comer cada día, y más en los tiempos que vivimos, es ser afortunado; no quiero dejar de ir a misa con mi marido, aunque a nosotros también a veces nos resulte aburrida, porque es el momento de la semana en el que me encuentro con Dios a solas y con  los hermanos; no quiero renunciar al trabajo bien hecho; quiero seguir intentando ser una buena persona: responsable, disponible, sociable; quiero siempre expresar mi identidad: que ésta sea explícitamente vivida. 

Es, como lo llamabas, “esa "hucha de pequeños gestos", en la que vamos poniendo nuestra "monedita" diaria, convencida de que con el tiempo tendrán un mediano "capital" de Fe, de valores cristianos que les ayuden a iniciar su camino adulto en solitario”

Al fin y al cabo, la elocuencia más eficaz es la forma de ser. Si lo piensas...en nuestras vidas, ¿cuántas personas nos han impactado por su forma de ser sin que fueran específicamente elocuentes?


Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana