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"Para Dios, nada es imposible" (Lc. 1,37)

domingo, 24 de junio de 2012

Los mas afortunados



Me encanta escuchar música: me hace pensar, me da alegría, me eleva... Y suelo hacerlo sin complejos, con mis auriculares cuando voy de un sitio a otro. Pues bien, el otro día subiendo a un autobús abarrotado de gente en un Madrid ya caluroso, mi aparato de música me ofreció la canción- ya antigua aunque siempre nueva- de Barbra Streisand: "People"

No sé si la recuerdas pero, traducido al castellano dice algo así como:
 "la gente que necesita a los demás es la gente mas afortunada del mundo"                       ("people who need people are the luckiest people in the world")
Y me quedé pensando en esta frase que me hizo sonreír cuando, con la mas profunda humildad, me reconocí entre esos afortunados que la canción menciona.

Tengo que reconocer, con alegría, que necesito a los demás: te necesito a ti y a tantos como me rodean; necesito a aquellos con quienes comparto mi cotidianidad; necesito a los que están lejos; necesito a la gente anónima que va por la calle; necesito a aquellos que viven otros mundos, otras circunstancias... Porque, y a pesar de la lata que de vez en cuando nos demos los unos a los otros, ¿te imaginas un mundo sin gente? ¿Te imaginas nuestra propia vida sin los demás?

Si lo pensamos, nuestra existencia está jalonada de recuerdos protagonizados por y con los demás: es el pasado hecho a base de ellos...
El presente se hace con la interacción de todos: uno sabe solo que existe gracias a los demás- son ellos quienes hacen memoria nuestra y nos dicen que estamos vivos...
El futuro se apoya en la esperanza de los que son más jóvenes...
¡Cuantas veces deberíamos darnos las gracias por compartir la existencia! Por tener a nuestro lado a gente que nos quiere tal y como somos, por concedérsenos la oportunidad de querer...

No lo sé, quizá sea porque se me ha otorgado la gracia de ver a Dios en cada uno, pero soy de esa gente que necesita mucho a los otros y eso hace de la tierra que habito un cielo.

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 17 de junio de 2012

Profetas

El Profeta Oseas, según Duccio di Buoninsegna

Hoy te escribo tarde. Acabo de llegar de viaje y he entrado en casa con la urgencia de decirte que no ha pasado nada, que todo está bien...
A pesar del ajetreo de la semana, el viernes, día en que se celebró el corazón de Jesús te recordé. En la misa del día ofrecieron una lectura preciosa del profeta Oseas que me llevó  a pensar en ti... Desde ese día la llevo "rumiando" en el corazón para ofrecértela en esta entrada de hoy...

Seguro que lo sabes, o quizás no- pero, ¿y qué importa?-: Oseas es un profeta y, más concretamente, es el profeta del amor y la ternura de Dios...
Los profetas tienen una experiencia profunda de Dios; han sabido encontrarlo quizás donde nadie lo ha hecho- quizá más fuera del templo que dentro del mismo- porque ven el mundo con los ojos de Dios y son dóciles a su palabra...Si algo hacen es aproximar a Dios y al ser humano...

Pues bien, el texto que a continuación te transcribo y se nos regaló el viernes pasado, Oseas lo escribe en medio de un caos social, político y económico que Israel atraviesa y que lleva a este pueblo a la degradación moral y religiosa.
"Cuando Israel era niño, yo le amé,
y de Egipto llamé a mi hijo;
Yo enseñé a andar a Efraín        
y lo llevé en mis brazos              
y ellos sin darse cuenta
de que yo los cuidaba...
Con correas de amor los atraía,
con cuerdas de cariño,
y era para ellos como quien alza
a un niño a su mejilla;
me inclinaba hacia ellos y les daba de comer...
¿Cómo voy a dejarte Efraín,
como entregarte Israel?
Mi corazón se me revuelve dentro
a la vez que mis entrañas se estremecen.
Porque soy Dios, no hombre;
en medio de ti yo el Santo
y no me gusta destruir" (Oseas 11)
El profeta nos cuenta que Dios nunca abandona a los que ama así que...atrevámonos a ser profetas; anunciemos, por encima de tantas dificultades como las que nos tocan vivir, que Dios nos ama inmensamente y desde el principio de nuestra historia...Que se puede volver a ser feliz...
Queda mucho por decir. Queda mucho por hacer... Hagámoslo, digámoslo... “Habrá que forzarlo para que pueda ser”



Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 10 de junio de 2012

Crisis



Estas últimas semanas he vivido una experiencia difícil. Por motivos de trabajo he tenido que compartir mucho tiempo con pacientes diagnosticados de depresión y se me ha concedido la oportunidad de escuchar y compadecer a aquellos que, por circunstancias variadas, lo están pasando realmente mal.
Lo interesante ha sido descubrir que estos pacientes, aparte de otros motivos que quedan en el ámbito del secreto profesional, estaban realmente "tocados" por este fenómeno económico- aunque no solo es económico- que llamamos crisis. Algunos se han quedado sin recursos, otros sin casa, muchos abatidos y todos con miedo.

No sé si a ti también te pasa pero en la calle, en ese sitio que todos compartimos, se cuentan y escuchas historias que nos entristecen, nos conmueven y nos invitan a preguntarnos qué nos ha pasado...
No quiero entrar ni en razones ni en motivos para la crisis, ¡han sido tantos! Tampoco quiero señalar culpables: creo que todos lo somos un poco aunque sí es verdad que unos en mayor medida que otros... Solo deseo encontrar remedios que calmen la aflicción, que nos hagan quitar los miedos, y que a pesar de las dificultades que nos tocan vivir, nos permitan regresar a lo sustancial. 
Estoy convencida de que sin una vuelta radical a lo esencial no saldremos nunca de este agujero negro en el que estamos, inmovilizados por la tristeza, el miedo y la incertidumbre...
Son tiempos difíciles en los que nos tenemos que ayudar: animar a que el que más tenga, comparta; intentar vivir desde la justicia y pensar en el bien común que es el bien de todos nosotros; volver a descubrir el valor de lo fundamental que, además, se nos concede gratuitamente...

Dando vueltas a esto, me encontré con un pasaje del Evangelio- la palabra de Dios es lo que tiene: es gracia, don oportuno que no deja de sorprender nunca- que creo puede aliviarnos en momentos como los que nos toca vivir:

“Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?  Mirad los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valéis acaso vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?  … Vuestro Padre que está en el cielo sabe bien lo que necesitáis…  Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura.  No os inquietéis por el mañana… A cada día le basta su afán" (Capítulo 6 de Mateo)

En tiempos como los que corren, quizá creer en esta palabra sea más difícil que nunca pero, también hoy mas que nunca, la docilidad al evangelio, a esa enseñanza que nos ha acompañado durante toda la historia, es vital para el consuelo, la supervivencia y la esperanza... 


Lo dice Benedicto XVI: "El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don. Por ello, también en los momentos más difíciles y complejos, además de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor" (Carta encíclica "Caritas in Veritate")

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana


domingo, 3 de junio de 2012

La recolección



Gracias por tus comentarios...¡Qué hermoso constatar que ahí estamos, haciendo lo que podemos pero sin eludir responsabilidades...!
Cierro estos capítulos sobre transmitir la espiritualidad en la familia con una última pregunta, para mi la más fundamental: ¿nos esforzamos en transmitir la espiritualidad en la familia pero, a la vez, nos fiamos de Dios?
Me gusta lanzarte esta pregunta que lleva implícita el amor del esfuerzo, la esperanza por ver a nuestros hijos hechos buenas personas y la fe en que Otro más grande que nosotros sabrá llevar a buen término nuestra tarea… 

Espero tus contestaciones pero mientras permíteme que te regale un texto de San Pedro Poveda. Él fue un hombre apasionado por la pedagogía; quizá porque la materia de la que estaba hecha su alma era la esperanza... 
"Vuestra labor no es de un día, ni de un mes, pero es segura, si por Dios, con Dios, y para Dios la acometéis y en ella sois perseverantes. Mientras llega el tiempo de la recolección, hay que ir sepultando trabajos y desvelos, hay que sufrir todo genero de inclemencias, hay que vivir de fe y de esperanza, sin precipitaciones, sin afán desmedido, sin decaimientos, sin tristezas.Todo esto procede del amor propio,del exceso de confianza en nuestras fuerzas,de cosa humana.
Vosotros sembrad, labrad la tierra, echad sobre ella trabajo, sudores y penas, que Dios nuestro Señor dará el fruto como convenga,cuando le plazca y donde sea su voluntad. La recolección no es faena que se os confía" (San Pedro Poveda)
Por ello, ¡y por tanto!, que la fe que nosotros prefiramos sea la esperanza.

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 27 de mayo de 2012

Acariciar la propia esencia


Siguiendo con el tema de transmitir la espiritualidad en la familia, te lanzo otra pregunta que me acompaña desde que era joven, que otros me ayudaron por aquel tiempo a resolverla pero que vuelve a cuestionarme con insistencia desde que soy madre:“¿Qué importa que unos te llamen Dios y a otros se les llenen simplemente los ojos de lágrimas? Al final, todo lo bueno se parece a Ti” (Cortés)

A veces me pregunto y sin ánimo de claudicar: ¿Nos estamos empeñando demasiado en dirigir espiritualmente o tendríamos que plantearnos más bien un acompañamiento que toca a la persona entera pero que respeta su libertad?  
Antes de hablar a nuestros hijos de creencias y doctrinas concretas, ¿no tendríamos que ayudarles a descubrir su interioridad y a desarrollarla…?
Sé que son preguntas que exigen desprendimiento, generosidad, determinación de quedarnos con lo fundamental…pero estoy convencida de que hemos de favorecer en nuestros hijos este ejercicio de acariciar su propia esencia.
Esto que te propongo no es fácil en un mundo lleno de ruidos, de música estridente y de distracciones electrónicas; sin embargo, creo que sin ratos de silencio y contemplación es más difícil que nuestros hijos se planteen la pregunta profunda del sentido de sus vidas y escuchen la voz de ese Dios que susurra, que no grita y que tantas veces nos ha hablado en el silencio.

Lo acaba de decir Benedicto XVI en la fiesta de San Francisco de Sales:
“Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial”“Abrir la posibilidad de un diálogo profundo, hecho de palabras, de intercambio, pero también de una invitación a la reflexión y al silencio que, a veces, puede ser más elocuente que una respuesta apresurada y que permite a quien se interroga entrar en lo más recóndito de sí mismo y abrirse al camino de respuesta que Dios ha escrito en el corazón humano”


Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 20 de mayo de 2012

Con mantel




Me remito a tus comentarios de esta semana: nombrabas gestos como el de estar en casa, estar presentes, permanecer...En el fondo, hablabas de la necesidad de una presencia para ayudar a hacer personas y transmitir a Dios. Pero... ¡qué complicado tener esa presencia hoy cuando el trabajo nos exige estar fuera de casa tanto y a tantos! ¡Qué complejo estar ahí, cuando ellos llegan, porque socialmente no hemos logrado, en la mayoría de los casos, armonizar horarios! ¡Qué "ingrato" adaptar nuestras legítimas aspiraciones profesionales a la necesidad de correr a casa a convertirnos en alguien que quiere estar, sencillamente, al servicio de unos "locos bajitos" que un día nos van a decir adiós!         

Dando vueltas a esto, me vino a la memoria una conversación que ya hará tiempo tuve con una amiga hablando sobre los comedores escolares -esos que a muchos nos salvan de tener que dejarlo todo y salir corriendo "para dar de comer"- Esta amiga de la que te hablo, que es una persona ya mayor, me decía: "hace mucho que creo, y ya tengo años, que la clave para hacer de nuestros hijos unas buenas personas es desayunar, comer y cenar juntos"
¿Qué quería decirme ella? Que necesitamos volver a recuperar espacios para estar juntos, para disfrutar de la mesa y mantel que nos reúnen, para charlar, para acoger con la mirada y dejarse mirar. 
Antes, la hora de la comida, por lo menos en mi casa era sagrada. Hoy, siendo realistas, esto no es posible pero en algún rato, quizás cuando el día termina para todos, hay que volver a sentarse a la mesa juntos.
Volviendo al camino de Emaús, tras el acompañamiento -como tú lo llamabas- y al caer la tarde, apetece sentarse a la mesa y compartir el pan. 

Por eso, hay que volver a reñir por ver a quién le toca poner la mesa y sacar el mantel y los platos pensando en todos los que nos vamos a sentar. Y apagar la televisión y volver a charlar de todo: de lo que nos ha pasado, de lo que pasa en el mundo, de nuestros proyectos, de nuestras dificultades…Y hay que hablar también de Dios: hay que volver a pronunciar a Dios con un sentido vivificante. Es decir, quizá haya que analizar los temas que surjan desde una perspectiva cristiana; y que el pensar con Dios y desde Dios nos permita entender la vida de forma distinta a como nos la presentan otros. Y que este análisis que hagamos desde los valores que comporta el creer en Dios conmueva nuestros corazones; que igual que en Emaús, arda nuestro corazón cuando queramos cambiar nuestro mundo desde la perspectiva que el Señor nos enseñó.

Por último, creo que sentarse a la mesa juntos significa agradecer el pan de cada día, ser conscientes de que lo que recibimos es para compartirlo y repetir el gesto de partir el pan que Jesús nos dejó como herencia.

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana




domingo, 13 de mayo de 2012

Camino de Emaús


Para poder desarrollar una espiritualidad en familia, te cuento otra pista que encontré en el Evangelio. ¿Recuerdas el capítulo de los discípulos de Emaús?  He descubierto que tiene mucho que decirnos...
Camino de Emaús, Jesús se acerca a sus discípulos por detrás; hasta que se une a ellos, Él va por detrás. Este ir por detrás, ¿qué nos dice?...Quizá que quiso y supo respetar el ritmo de aquellos a los que quería acompañar…

Y cuando adelanta su paso para caminar con ellos les deja que hablen, que le cuenten, que se sorprendan ante su ignorancia o su desconocimiento de los acontecimientos que acababan de tener lugar.

Así, Jesús es capaz de establecer un diálogo esperanzador con alguien que camina desesperanzado, desconcertado, triste, derrotado. Jesús es capaz de llegar hasta dentro y hacer que se mueva lo mejor de cada uno. En su vida, Él no impone, solo acompaña, escucha, aguanta, tolera, está y finalmente eleva…

Luego les va a pedir  que le inviten a comer; les dice que quiere perder más tiempo con ellos. Y cuando se sienta a la mesa, parte el pan y lo bendice hasta que le reconocieron. “¿No se conmovía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras?”

Benedicto XVI nos dice : “El relato sobre los discípulos de Emaús describe el camino que hicieron juntos, su conversación en la búsqueda común como un proceso en el que la oscuridad de las almas se va aclarando poco a poco gracias al acompañamiento de Jesús”

Y yo me pregunto y te pregunto: ¿Hacemos este camino con nuestros hijos? ¿Como son los diálogos con ellos? ¿Sabemos respetar sus ritmos, sabemos escuchar, sabemos acompañar, intentamos comprender, abandonamos los juicios, les aceptamos como son, sabemos querer, dar ternura, vivir con alegría la gran aventura de la vida en la que nos vuelven a imbuir aunque ya nos pille un poco trasnochados…? ¿Ayuda el acompañamiento que les hacemos a suavizar la dificultad en la que viven, el desconcierto y por qué no, la oscuridad?


Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana







domingo, 6 de mayo de 2012

El ejemplo para transmitir la fe


Gracias por tus comentarios de la semana pasada. Hablabas del ejemplo: "la propia vida, el testimonio personal, es la mejor "palabra" que expresa dónde está nuestro tesoro... Hay gestos de apertura al otro, de generosidad, de estima y valoración de las personas, que hablan muy claro y muy alto de Evangelio en el siglo XXI." 
Decías también: "El ejemplo no es sólo acudir con ellos a misa cada domingo. Es, sobre todo, vivir la Fe en pequeños gestos a lo largo del día..."

Y esto que tu expresas, lo dejo escrito San Pedro Poveda: 
"El ejemplo vuestro será la asignatura que mejor aprenderán vuestros hijos. Si vosotros sois como debéis ser, vuestros hijos acabarán siendo como vosotros queréis que sean”.

En otras palabras, Poveda está convencido de que, si somos coherentes, acabamos transmitiendo el Dios en el que creemos.


Ser coherentes para poder transmitir. .. Y, ¿cómo hemos ido, casi sin darnos cuenta, haciendo cotidiano y transmisible a ese Dios que preside nuestras vidas? 
Pues yo creo que a base de ritos, de detalles pequeños, de tradiciones...
Por eso siento que hay ritos que no quiero romper a pesar de que los tiempos cambien: no quiero cada noche renunciar a acercarme a la cama de mi hija para rezar, para repasar ese día y reír con las cosas buenas que nos han pasado y pedir por las situaciones difíciles o por un examen que le toca hacer al día siguiente o por su padre o por su abuela o por los que están lejos y recordar a aquellos que necesitan de nuestra oración; no quiero renunciar a seguir bendiciendo la mesa porque estoy convencida de que poder comer cada día, y más en los tiempos que vivimos, es ser afortunado; no quiero dejar de ir a misa con mi marido, aunque a nosotros también a veces nos resulte aburrida, porque es el momento de la semana en el que me encuentro con Dios a solas y con  los hermanos; no quiero renunciar al trabajo bien hecho; quiero seguir intentando ser una buena persona: responsable, disponible, sociable; quiero siempre expresar mi identidad: que ésta sea explícitamente vivida. 

Es, como lo llamabas, “esa "hucha de pequeños gestos", en la que vamos poniendo nuestra "monedita" diaria, convencida de que con el tiempo tendrán un mediano "capital" de Fe, de valores cristianos que les ayuden a iniciar su camino adulto en solitario”

Al fin y al cabo, la elocuencia más eficaz es la forma de ser. Si lo piensas...en nuestras vidas, ¿cuántas personas nos han impactado por su forma de ser sin que fueran específicamente elocuentes?


Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 29 de abril de 2012

Transmitir la espiritualidad en familia

Cuenta el Evangelio de Mateo que:

"Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es? "Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y vosotros, les preguntó, ¿quién decís que soy yo?" Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo" (Mat. 16:15, 16).


Pues bien, durante unos cuantos domingos quiero compartir contigo la misma pregunta: Y VOSOTROS, en ese ámbito privilegiado de familia que construis cada día, ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?
Sagrada familia. Esteban Murillo 
Es decir, ¿cómo transmitimos en nuestra familia que Dios es Señor de nuestras vidas, que contar con Él es imprescindible para ser feliz, que es Él quien da sentido a toda nuestra existencia? 
Desde que soy madre, me preocupa el saber transmitir nuestra espiritualidad en la familia y, más en concreto, a los hijos. 
Muchas veces me hago esta pregunta: ¿cómo en un mundo en el que vive mi hija, tan lleno de cosas, tan rápido, tan global, tan inmediato…cómo la puedo transmitir mi fe en Jesús y el convencimiento de que merece la pena vivir desde Él? ¿Qué hacemos mi marido y yo? ¿Qué hace mi grupo cristiano de referencia? ¿Qué hacemos todos los que creemos que evangelizar merece la pena?

Porque de algo sí que estoy convencida y ahí "te paso la pelota": “Para educar a un solo hombre hace falta una tribu”; es decir, para educar, para evangelizar, todos nos necesitamos a todos y ninguno podemos eludir responsabilidades. Bien es cierto que esta tribu hoy es más pequeña, que la sociedad no nos ayuda, pero...esto nos obliga, sencillamente, a trabajar más.
Te lanzo la pregunta y te dejo pensando... Que quede resonando en ti... Ojalá obtenga tus respuestas, la narración de tu propia experiencia, tan solo para seguir contestándome a mi misma…
Te quiero mucho. Hasta el domingo


Ana


domingo, 22 de abril de 2012

Palabras y gestos "mágicos"


Esta semana he estado enferma y, en una de esas tardes en las que la fiebre noquea y te empuja al sofá, tuve la ocasión de ver algo curioso en televisión. Dos presentadores jóvenes entrevistaban a una psicóloga y le preguntaban sobre la bondad, la gratitud, ser educados, pensar en los otros... Ella les decía que había que respetar e intentar entender al otro; dar las gracias siempre; que el ser buenos redundaba, lo primero, en un beneficio personal; que había que perdonar y seguir adelante... 


La conversación avanzaba y las caras de estos jóvenes expresaban incredulidad, estupefacción...Era como si su interlocutora les estuviese hablando en una lengua ancestral que ellos no comprendían en absoluto y... yo, no pude evitar el esbozar una sonrisa amarga ...

Pero insistían: "¿Si un camarero nos sirve  hay que darle las gracias por cada gesto de servicio?" "¿Qué hacemos con la envidia, la irascibilidad, el devolver la bofetada que nos acaban de dar...?" "¿Se puede ser bueno sin ser tonto?" 

Ella, la psicóloga, aguantaba el envite como podía...


Fue entonces cuando me acordé del texto que encabeza esta entrada y que lleva una semana recorriendo  facebook. Me sentí orgullosa de pertenecer a esa generación que menciona pero también, a la vez, sentí la urgencia de contagiar esos valores a los más jóvenes. No podemos fosilizar aquellas actitudes que nos han hecho y hacen ser más felices. Yo quiero vivir y enseñar a vivir intentando ser buena, pensando en los demás; quiero rescatar del olvido palabras como el sacrificio, la entrega, la renuncia, el permanecer... Todos son valores que a mí me hicieron feliz cuando no teníamos nada y que me gustaría dejar como herencia cuando vuelva a no tener nada.

Además de vivirlos, hoy, más que nunca, urge la necesidad de inculcarlos y compartirlos. Las generaciones que nos siguen son dignas merecedoras de este maravilloso legado y creo que no debemos omitir la responsabilidad de transmitírselo.

Por ello, como la psicóloga valiente, hemos de apostar por dar y enseñar a dar las gracias, por pedir y enseñar a pedir por favor, por saludar y enseñar a saludar, por ser amables y enseñar a serlo, por sonreír y hacerlo con otros,  por ser y enseñar a ser educados...

Recuerdo que, cuando mi hija era pequeña siempre que solicitaba algo yo le pedía que añadiera la "palabra mágica" (por favor, gracias, hola, te quiero...). Porque eso es lo que son: palabras y gestos que encierran la magia de convertirnos a nosotros y al mundo que habitamos a todo lo que es bueno y amable.


San Pedro Poveda supo decirlo de una manera bellísima: 
 "Con dulzura se educa, con dulzura se enseña, con dulzura se inculca la virtud, con dulzura se arranca la enmienda, con dulzura se evitan muchos pecados, con dulzura se gobierna, con dulzura se hace todo lo bueno.  No hay que hacerse ilusiones, la mansedumbre, la afabilidad, la dulzura son las virtudes que conquistan al mundo"

Te quiero mucho. Hasta el domingo


Ana



domingo, 15 de abril de 2012

El alma




Te transcribo, literalmente, un fragmento del libro "El poder de la pausa" que no hace mucho tiempo me regalaron :

"Un viajero norteamericano planeó hacer un largo safari por África. Era un hombre compulsivo, cargado de  mapas, horarios y agendas. Había contratado a hombres de una tribu local para transportar las voluminosas cargas de suministros, equipajes y "bártulos imprescindibles". La primera mañana todos se despertaron muy pronto, avanzaron muy rápido y llegaron muy lejos. La segunda  mañana todos se despertaron muy pronto, avanzaron muy rápido y llegaron muy lejos. La tercera mañana todos se despertaron muy pronto, avanzaron muy rápido y llegaron muy lejos. El hombre estaba contento. La cuarta mañana los miembros de la tribu se negaron a moverse, simplemente se sentaron junto a un árbol. El norteamericano se puso furioso: "esto es una pérdida de tiempo muy valiosa. ¿Puede alguien decirme que pasa aquí?" El traductor dijo: "están esperando a que sus almas alcancen a sus cuerpos" (El poder de la pausa. Terry Hershey)


¡Qué actitud tan sabia la de los indígenas! ¡Qué conciencia de su ser y estar!

Creo que sabes, por experiencia, lo que es el avanzar rápido y llegar muy lejos de aquellos indígenas en los tres primeros días: viajamos en aviones o en trenes de alta velocidad aunque nos incomoda la sensación de no tener apenas tiempo para pensar en aquello que dejamos; para añorarlo; para prepararnos a acoger lo que está por venir...Todo transcurre deprisa... 
Gozamos de unos merecidos días de descanso pero enseguida los olvidamos; no hay tiempo para recordarlos, para revivir su valor...porque, sin querer, nos encontramos absorbidos por ese ritmo frenético de la vida que nos ha tocado vivir... Y así, tantas y tantas cosas como las que nos depara el estar aquí: despedidas, cumpleaños, nocheviejas, ¡qué se yo! Mientras, nos consolamos diciendo: ¡qué rápido pasa la vida!


Creo también que todos nos sentimos, quizá secretamente, deseando como aquellos indígenas estar bajo el árbol en el día cuatro. Porque, ¿quien, al menos de vez en cuando, no echa de menos ese ritmo lento, aquel que a pesar de nuestros intentos de relegarlo la naturaleza ha sabido conservar...? Yo lo añoro y lo necesito porque, sobre todo, me regala el alma. El alma: ese algo indefinido en el que descansa lo mejor de nosotros mismos; la encargada de depositar en el corazón todo aquello que experimentamos; la que nos ayuda a vivir en plenitud; la que nos da alas; la que nos invita a ser independientemente de nuestro hacer; en la que vive la alegría que nadie nos podrá quitar...

¿Nos habremos quedado sin alma? ¿La habremos dejado atrás? 

Quizás haya que volver a sentarse y esperar a que ella nos alcance; o mejor aún, ¿por qué no favorecer que en todo lo que hagamos alma y cuerpo lleguen acompañados?


Te quiero mucho. Hasta el domingo


Ana

domingo, 8 de abril de 2012

Cristo ha resucitado


San Francisco abrazando a Cristo en la Cruz (Murillo)


"Cristo, cristal purísimo que no se rompe nunca. 
Cristo, creo en tu cruz que nutre nuestra arteria.
Bebo debajo de tu trono de espinas, 
duermo en tu ala siempre viva,
y no hay por que pedirte por los hombres
porque todos los hombres están en tu memoria,
en tu luz desbordante con que nos amas sin méritos.
Sé que te desvives hasta morir, de nuevo, en cada instante,
por los que son ingratos con los otros.
Cristo, cristal purísimo que no se rompe nunca.
Cristo, creo en tu cruz que nutre nuestra arteria".
(Gloria Fuertes) 




No, no me he equivocado en el día y en la hora: ¡Cristo ha resucitado, aleluya! 
Y precisamente, en este Domingo de Resurrección, me gustaba regalarte la imagen y la palabra para compartir contigo lo que yo he descubierto en el Misterio de la Cruz.

La obra de Murillo nos muestra a un San Francisco de Asís joven que ha decidido abandonar todo lo que posee para servir mejor a Cristo y al prójimo. Como recompensa a la renuncia de San Francisco a los bienes terrenales, Cristo desclava su brazo derecho para acoger al santo bajo su regazo. Mientras tanto, los ángeles nos regalan el texto escrito en el libro que sujetan: "quien no renuncia a todo lo que posee no puede ser discípulo mío".

Cristo, que no se rompe nunca, elevándonos desde la Cruz; Cristo, Señor, invitándonos a levantar nuestra mirada; Cristo, redentor, atado a tantas y tantas cruces como las que nos tocan vivir a lo largo de nuestra existencia; Cristo consolándonos con su abrazo en el inevitable sufrir; Cristo invitándonos a morar en sus llagas, lugar de sabiduría y fortaleza; Cristo muriendo y resucitando en cada instante para darnos vida.

¡Feliz domingo de Resurrección!


Te quiero mucho. Hasta el domingo.

Ana

domingo, 1 de abril de 2012

Junto a Ella


Se acerca la Semana Santa... Nos preparamos, un año más, para hacer memoria de los acontecimientos más importantes de la vida de Jesús que, tras más de dos mil años, siguen dando sentido a nuestra existencia... 

Y este domingo, no me preguntes por qué, me he encontrado pensando en la Virgen; en aquella mujer sencilla de Nazaret cuya vida estuvo impregnada de misterio que supo acoger con fe y "guardarlo en su corazón".

Nosotros vamos a vivir, junto a Ella, el mayor drama que puede experimentar una madre: ver morir a su hijo sin entender nada, sin poder hacer nada más que permanecer junto a él. 
¡En cuantas cosas pensaría Ella!: « ¿Cuando, donde, como decidirás liberarte de todo esto? ...     ¿Por qué lo condenan injustamente? ¿Por qué lo castigan? ¿Qué ha hecho para que le prefieran a Barrabás? ¿Por qué me lo desnudan?... ¿Quién le ayudará a llevar el madero? ¿Qué ha hecho para que se rían de él?... ¿Quién me lo ba­jará de esa Cruz? ¿Dónde lo co­lo­caré?... ¿Qué me queda ya?»

Contemplo el dolor de la Virgen, en estos días proclives a la introspección, y hago memoria del dolor y la so­ledad de tantos pa­dres y ma­dres que han per­dido a sus hijos por el hambre, por la violencia, por la enfermedad, por tantos motivos inexplicables con los que golpea la vida.
Y, en un sencillo intento de compartir el dolor de la Madre y de todas las madres y padres que hoy sufren por sus hijos, te invito a rezar conmigo la oración que el Papa dirigió a nuestra Señora en el Viacrucis de la Jornada Mundial de la Juventud 2011. 
Quiero rezarla contigo para dar amor y cercanía a los que sufren sin entender nada; rezarla y recoger el dolor de tantos hermanos con la ter­nura y amor con que Ella re­cibió en sus brazos al cuerpo des­tro­zado y sin vida de su Hijo; rezarla para consolar a un mundo que sufre pero que sigue adelante conservando en el corazón la esperanza que se nos ha prometido:

             «Madre y Señora nuestra, que per­ma­ne­ciste firme en la fe, unida a la Pasión de tu Hijo: al con­cluir este Vía Crucis, po­nemos en ti nuestra mi­rada y nuestro co­razón. Aunque no somos dignos, te aco­gemos en nuestra casa, como hizo el apóstol Juan, y te re­ci­bimos como Madre nuestra. Te acom­pa­ñamos en tu so­ledad y te ofre­cemos nuestra com­pañía para se­guir sos­te­niendo el dolor de tantos her­manos nues­tros que com­pletan en su carne lo que falta a la Pasión de Cristo, por su cuerpo, que es la Iglesia. Míralos con amor de madre, en­juga sus lá­grimas, sana sus he­ridas y acre­cienta su es­pe­ranza, para que ex­pe­ri­menten siempre que la Cruz es el ca­mino hacia la gloria, y la Pasión, el pre­ludio de la Resurrección».

No te quiero dejar triste. Solo te quiero dejar junto a Ella que está ahí, igual que desde el principio, diciendo "Hágase"; que, aceptando el encargo de cuidarnos, se ha quedado para siempre con nosotros...Feliz Semana Santa. 

Te quiero mucho. Hasta el domingo.

Ana 











domingo, 25 de marzo de 2012

Desde la confianza


Esta semana te regalo una oración que hace mucho tiempo me acompaña. La rezo cuando la vida no me da más de sí; cuando me siento torpe; cuando la realidad - dura, exigente- supera lo que soy y puedo ofrecer...

La rezo, eso sí, con la confianza de un niño; con la alegría de no sentirme importante; con la virtud, aprendida a fuerza de tantas caídas, de no tomarme nunca en serio. 

Ha sido, por muchas razones, la oración que me ha acompañado esta semana. Ojalá la disfrutes. Ojalá te ayude. Ojalá me acompañes en ella.

Te quiero mucho. Hasta el domingo.



                   Oración del payaso

Señor:
Soy un trasto, pero te quiero,
te quiero terriblemente, locamente, que es
la única manera que tengo yo de amar,
porque, ¡sólo soy un payaso!
Ya hace años que salí de tus manos,
pronto, quizá, llegará el día en que
volveré a Ti...
Mi alforja está vacía, mis flores
mustias y descoloridas
sólo mi corazón está intacto...
Me espanta mi pobreza,
pero me consuela tu ternura.
Estoy ante Ti como un
cantarillo roto, pero con mi
mismo barro puedes hacer
otro a tu gusto...
Señor:
¿Qué te diré cuando me pidas
cuentas? Te diré que mi vida,
humanamente, ha sido
un fallo, que he volado
muy bajo.
Señor:
Acepta la ofrenda de este atardecer...
Mi vida, como una flauta, está llena
de agujeros...
pero tómala en tus manos divinas.
Que tu música pase
a través de mí y llegue
hasta mis hermanos
los hombres, que sea
para ellos ritmo y melodía
que acompañe su caminar,
alegría sencilla
de sus pasos cansados...
                                                                                              Menchu Soler

domingo, 18 de marzo de 2012

Leyenda del conejo de Pascua




Sé que esto que te voy a contar está impregnado de anticipación pero no quería olvidar la frescura con la que me lo contaron.
Nos lo contó nuestra amiga Maruja con la ilusión con la que se cuenta un cuento para alegrar el corazón. Nos lo contó en medio del sacrificio que exige la Cuaresma pero adelantándonos la alegría de la Resurrección. 
Y mientras lo contaba, pensé en lo hermoso que era ser cristianos como Maruja: plenos de un "sentido de anticipación" que nos empuja a vivir; conscientes de que al abrazar la cruz, la de Cristo y la nuestra de cada día, se nos regala la certeza de que no todo acaba con el dolor; habituados a una espera gozosa porque sabemos que un día- solo Dios sabe cómo y cuándo- experimentaremos la alegría de la Resurrección. 

Pero vayamos al cuento. Es la leyenda de conejo de Pascua: 

"Cuenta esta leyenda que, cuando metieron a Jesús al sepulcro que les había dado José de Arimatea, había dentro de la cueva un conejo escondido, que muy asustado veía cómo toda la gente entraba, lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto. El conejo se quedó ahí viendo el cuerpo de Jesús cuando pusieron la piedra que cerraba la entrada y lo veía y lo veía preguntándose quién sería ese Señor a quien querían tanto todas las personas. Así pasó mucho rato viéndolo; de repente el conejito vio algo sorprendente: Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva ¡más vivo que nunca! El conejo comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y decidió que tenía que avisar al mundo y a todas las personas que lloraban, que ya no tenían que estar tristes porque Jesús había resucitado. Como los conejos no pueden hablar, se les ocurrió que si les llevaba un huevo pintado, ellos entenderían el mensaje de vida y alegría y así lo hizo. Desde entonces, cuenta la leyenda que, el conejo sale cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordar al mundo que Jesús resucitó y hay que vivir alegres" 

Así que, cuando veamos estos conejillos que nos inundan en el tiempo de Pascua, acordémonos de esas actitudes a la que nos invita la leyenda: la sencillez para contemplar a Jesús muerto, la profundidad para preguntarnos por qué, la necesidad de esperar junto a Él a que ocurra el milagro y la urgencia de salir corriendo a transmitir la alegría que da saber que está vivo entre nosotros; que nos atrevamos a contárselo a la gente para ayudarles a dejar de llorar; que la esperanza de la Resurrección tiña nuestras vidas, tantas veces grises, de esos colores que nos invitan, por encima de todo, a estar alegres.

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

domingo, 11 de marzo de 2012

La música de nuestros hijos



Una vez, intentando aprender sobre acompañar a nuestros hijos en su proceso de crecimiento, el conferenciante nos preguntaba: ¿Tarareáis alguna de las canciones que disfrutan vuestros hijos? ¿En qué música "os habéis quedado"? 
Y su pregunta se quedó dando vueltas en mi cabeza de madre... 
He de confesarte que me horrorizó pensar el apuntarme a la música rap, dance,  tecno o hip hop mientras yo me siento tan a gusto refugiada en mis boleros, mi Sabina o mi Serrat ... Pero bueno, la pregunta ahí quedó, atenuada por mi pereza pero inquietando desde su verdad. 

Como las cosas nunca ocurren por casualidad, anoche me llamó María, mi hija: "mamá mira qué canción tan bonita ..." Entonces fui junto a ella... Entré en ese caos de habitación de adolescente; como pude y sin protestar, despejé la cama de tantos obstáculos para ella imprescindibles y me tumbé a su lado para compartir sus cascos, su música y su sentir... No me preguntes qué tipo de música escuché; ciertamente desconocida para un "dinosaurio" como yo... Pero fue en esa rendición cuando ocurrió el milagro: me sentí bien. Alguien más joven deseaba compartir conmigo aquello importante para ella; yo, ya mayor, rompía mis miedos y barreras para apuntarme, simplemente, al compartir... Y no sé si me quedé mucho con la música que oía porque, por milagro del amor, me encontré de vuelta a aquellos viejos tiempos en que yo era joven y me tumbaba sobre la hierba y la música me invitaba a soñar...Anoche, de nuevo, soñé con esa frescura y despreocupación con la que se sueña cuando uno tiene pocos años...

Creo que mi hija lo pasó bien. Seguro que no pensó "que madre tan moderna tengo" pero sí que se sintió transportada por esa mano que la ha sostenido desde siempre a  esa nube de sueños que es solo de ella.


Te quiero mucho. Hasta el domingo


Ana


domingo, 4 de marzo de 2012

No, si, no...



No sé qué facilidad tienes para decir, tranquilamente, "no"... A mi es una de las palabras que más me cuesta pronunciar y la tengo ahí, olvidada, en un lugar inadvertido del diccionario de mi vida. 
Te lo confieso: yo no acabo de aprender a decir que no puedo a muchas de las cosas que surgen en el cada día...Y no porque me crea imprescindible, sino porque sé que hay muchas cosas que hacer y que cada uno de nosotros hemos de echar una mano con aquello que podamos aportar. Y, por cierto, todos tenemos mucho que dar...
Pero sí, estoy de acuerdo con esos amigos que, a pesar del paso de los años, me siguen riñendo por no saber decir que "no"; para suavizar su reprimenda, me explican que es una de las palabras más difíciles de aprender- ¡como si uno fuera tonto!- pero que sientes una profunda liberación una vez que la incorporas con sensatez y verdad a tu léxico.

Lo más curioso es que, leyendo un libro, el otro día aprendí que Jesús, que pasó por la vida haciendo el bien, también supo decir que "no". No lo dijo literalmente pero sí lo expresó con aquel "subirse a la montaña" o "retirarse de madrugada" o "salir a un lugar solitario"...
Esta actitud de retirarse fue una constante de su vida activa y no la dejó para momentos cumbres sino que supo incorporarla a su cotidianidad.

La actitud de Jesús me invita a pensar en que quizá el "no" sea necesario para poder decir luego "sí"; quizá, el darnos de vez en cuando un respiro evite que la calidad de lo que hacemos sea vencida por la cantidad que nos gustaría hacer. Quizá, como Jesús, haya que buscar los espacios para recomponerse: un rato de oración, un paseo en solitario, un café con ese amigo... ¡qué sé yo!

Sabernos retirar, "apearnos de este mundo" tan solo por breves instantes para volver a coger el tren de la vida con esa alegría que la empuja e invita a vivir.

Quisiera aprender ese difícil equilibrio que existe entre el "no" y el "sí"; quisiera que mi corazón, que siempre se adelanta a decir que "sí", permita, aunque solo sea de vez en cuando, dejar que la cabeza diga "no". 
Pero una cosa importante: para que mi cabeza se atreva a decir que "no" tu, si puedes, me tienes que dar tu "sí"; y para que tú puedas decir que "no", yo te prometo mi "sí"...

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana




domingo, 26 de febrero de 2012

Para los otros, en ellos y con ellos




Este domingo es especial. Es el primer domingo de Cuaresma. Y, aunque la entrada de hoy sea un poco larga, me encanta invitarte a leer algunos párrafos extraídos de una carta bellísima escrita por el Papa para animarnos a vivir este periodo que nos conduce a la Pascua. Su mensaje se apoya en un versículo de la carta a los Hebreos y dice así:



«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras»
 (Hb 10, 24)

Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.


1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.

El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad… Invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. 



2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.

Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida.
En la comunidad cristiana no debe ser así. Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social



3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.

La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31).
Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10).
Vaticano, 3 de noviembre de 2011       BENEDICTUS PP. XVI


Así nos invita el Papa a vivir estos cuarenta días- que ojalá fueran la vida entera-: juntos, pendientes unos de los otros, recorriendo de la mano el camino hacia la santidad.

Te quiero mucho. Hasta el domingo

Ana

P.D: Te pongo el link donde puedes encontrar el texto completo: